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Un mes y dos países por visitar en nuestro viaje: Chile y Argentina . Volamos a Santiago de Chile desde Madrid; viajamos en autobús n...


30 días en Chile y Argentina

Un mes y dos países por visitar en nuestro viaje: Chile y Argentina. Volamos a Santiago de Chile desde Madrid; viajamos en autobús nocturno a Puerto Montt; navegamos por los fiordos chilenos hasta Puerto Natales; pasamos en autobús la frontera con Argentina hasta El Calafate, puerta al Perito Moreno; volamos a Buenos Aires y, más tarde, a Puerto Iguazú para descubrir las cataratas de Iguazú; cruzamos el norte del país en autobús, con una breve parada en Salta, hasta San Pedro de Atacama, de nuevo en Chile; tomamos el penúltimo vuelo a Santiago de Chile y el último, a Madrid.

Y todo, o casi todo, lo puedes organizar desde casa. Te cuento cómo.


El glaciar Perito Moreno

¿Cuándo ir?
Como sabemos, las estaciones del año en el Hemisferio Sur son inversas a las del Hemisferio Norte. La mejor opción, por tanto, para viajar al Cono Sur es hacerlo durante nuestro invierno, su verano. Obviamente, en países tan grandes como estos, no tendrás las temperaturas ideales en todas partes, puede que pases calor en el desierto de Atacama, pero, a cambio, pasarás menos frío en el glaciar del Perito Moreno.

Nosotros elegimos viajar entre los meses de diciembre y enero (2012-2013). Pero como todo en la vida, si no puede ser, más vale adaptarse a las posibilidades reales.

Sanidad
Existe un convenio entre Chile y España, por el que se reconoce el “derecho a la concesión de asistencia sanitaria (pública) durante la estancia temporal en el territorio del otro Estado”. Si estás inscrito en la Seguridad Social de España, puedes solicitar este certificado en la correspondiente Dirección Provincial del Instituto Nacional de Seguridad Social. 

Además, para curarme en salud y puesto que con Argentina no existía ningún acuerdo, contraté un seguro básico de viaje por Internet (RACE web trip básico, a través del comparador Rastreator).

Documentación
No necesitas visado si vas a permanecer menos de 90 días por turismo en Chile y Argentina, únicamente tu pasaporte en vigor, con al menos tres meses de validez, billete de regreso y medios económicos demostrables para la estancia (algo que, normalmente, no suelen pedir, pero pueden hacerlo).

Al llegar a Chile, te entregarán en el control de pasaportes una tarjeta de turismo que deberás devolver en el momento de salir del país, así que consérvala. 

Lista de lugares
Son tantas las bellezas de Chile y Argentina, que lo más difícil es elegir las que quieres ver. Unas cuantas son imprescindibles, claro, el Perito Moreno, las cataratas de Iguazú... Para elegir las demás, nada como leer blogs de viajes, ¿no? Bueno, y ser consciente del tiempo del que dispones, que, si trabajas por cuenta ajena, como yo, es bastante limitado.

Esta fue nuestra lista:
. Santiago de Chile, la capital chilena, punto de partida y final de nuestro viaje. 
. Los fiordos chilenos, que queríamos recorrer en barco entre las localidades de Puerto Montt y Puerto Natales.
. El glaciar Perito Moreno, al que accederíamos desde El Calafate.
. El Parque del Fitz Roy, para lo que nos trasladaríamos a El Chaltén (circunstancias ajenas a nuestra voluntad nos obligaron a sustituir el Fitz Roy por las Torres del Paine).
Buenos Aires, la capital argentina, que llevaba años soñando conocer.
. Las cataratas de Iguazú, que descubriríamos desde Puerto Iguazú, en el noreste de Argentina.
. Salta, la ciudad colonial argentina por excelencia.
. San Pedro de Atacama, una base perfecta para conocer las maravillas del norte de Chile, como el desierto de Atacama, el más árido del planeta, o lagunas saladas como la Laguna Céjar.



Transporte
Para encontrar un vuelo a y desde Santiago de Chile, como a cualquier otro lugar, solo hay un consejo que valga: tener paciencia. Todos conocemos buscadores y comparadores de vuelos, Edreams, Logitravel... y un largo etcétera. La paciencia es fundamental para encontrar el vuelo que buscas al mejor precio, aunque si puedes ser flexible en las fechas, lo tendrás más fácil. 

Nosotros, en este caso, decidimos utilizar nuestros puntos de Travel Club… y fuimos flexibles, no con las fechas, sino con el destino. Habíamos pensado empezar en Buenos Aires la ruta por el Cono Sur, pero cuando consultamos los vuelos a través de su página web, ya solo quedaba uno para las fechas aproximadas que barajábamos, así que sustituimos Buenos Aires por Santiago de Chile.

Para movernos por los dos países, teniendo en cuenta nuestras limitaciones de tiempo y las grandes distancias a las que nos enfrentábamos, decidimos mezclar varios tipos de transporte que nos facilitaran ver todos esos lugares que deseábamos conocer.

Elegimos tres vuelos con Lan (ahora Latam Airlines), que entonces ofrecían paquetes de vuelos por un precio cerrado (actualmente son simplemente “múltiples destinos”): desde El Calafate a Buenos Aires, de Buenos Aires a Puerto Iguazú y de Calama (el aeropuerto más próximo a San Pedro de Atacama) a Santiago de Chile.

Servicio similar te ofrece Aerolíneas Argentinas

Para navegar por los fiordos chilenos, nos decantamos por la compañía Navimag, porque nos habían dado buenas referencias y era la opción más económica de las que encontramos. Fue buena idea ahorrar al elegir literas en cabinas compartidas; eran cómodas y amplias, igual que los armarios donde guardar bajo llave las maletas o las mochilas.

El resto de trayectos fueron en autobús, que permiten disfrutar del paisaje mientras viajas como ningún otro medio de transporte y ofrecen muy buen servicio en estos dos países, sin olvidar, claro, que no tiene competencia económica. 

  • Tur Bus: de Santiago de Chile a Puerto Montt. Compramos el billete en la Estación Central de la capital chilena, al llegar al país, ya que no pudimos hacerlo por Internet al carecer de un número identificativo chileno que exigían; salimos desde la Terminal Alameda.
  • Turismo Zaahj: de Puerto Natales a El Calafate.
  • De Puerto Iguazú a Salta, tomamos dos autobuses: Andesmar, de Puerto Iguazú a Resistencia, y Flecha Bus de Resistencia a Salta.
  • Andesmar: de Salta a San Pedro de Atacama.

Todo este trabajo recibe su recompensa. El viaje se disfruta tres veces, como dice un viajero sabio, al organizarlo, al vivirlo y al contarlo a la vuelta. Así que a contar se ha dicho.


Salta, la capital de la provincia del mismo nombre, que se encuentra en el noroeste de Argentina, fue fundada por el colonizado...


Salta, desde el cerro San Bernardo

Salta, la capital de la provincia del mismo nombre, que se encuentra en el noroeste de Argentina, fue fundada por el colonizador español Hernando de Lerma el 16 de abril de 1582. 


Plaza 9 de Julio, centro de la ciudad colonial de Salta
Sus monumentos más importantes se concentran en los alrededores de la plaza 9 de Julio, la antigua plaza mayor y centro de la ciudad colonial, y, más concretamente, en las calles España y Caseros.

Nosotros llegamos a Salta en autobús desde Resistencia y, arrastrando las maletas una vez más, pasamos por el parque San Martín y la plaza 9 de Julio, hasta nuestra céntrica Posada Borgoña, en la calle España. Nos facilitaron un mapa de la ciudad, del que tú también dispondrás al final de este artículo.

Caminamos durante la mañana, que mantuvo a raya a las amenazantes nubes hasta la tarde, para contemplar la Catedral barroca, Monumento Histórico Nacional desde 1941; el Cabildo de la Ciudad, del que dicen que es el más completo conservado en toda Argentina y que alberga el Museo Histórico del Norte, muestra del patrimonio cultural de las tres épocas históricas que caracterizan esta región, prehispánica, colonial e independiente (conserva desde monedas macuquinas a hierros traídos de Vizcaya); la colorida iglesia de San Francisco, o el convento de San Bernardo, una de las construcciones más antiguas de la ciudad.


Catedral de Salta

Cabildo de la ciudad de Salta

Convento de San Bernardo

Iglesia de San Francisco
Después de degustar la última parrillada argentina, subimos al Cerro San Bernardo en teleférico, que sale desde el Parque San Martín, para disfrutar de las vistas de la ciudad. Y bajamos andando sus más de mil escalones. 

Salta desde el Cerro San Bernardo

Cascada artificial en el Cerro San Bernardo

Y ya de nuevo en la ciudad, descansamos frente al Monumento al General Güemes, una escultura ecuestre a quien reconocen su lucha por la independencia de este territorio, y volvimos a buscar un par de lugares más: el Palacio Legislativo y la iglesia de la Viña, con una sorprendente fachada pintada.


Monumento al General Güemes (izda.), Palacio Legislativo (dcha., arriba) e iglesia de la Viña

Y, como no habrás olvidado que te he prometido, aquí tienes el mapa de Salta que nos facilitaron en la Posada Borgoña. En él están identificados todos estos lugares (y algunos más), así como las dos calles principales en las que se encuentran, España y Caseros.


Mapa de Salta, Argentina


Volamos desde  El Calafate, donde disfrutamos del famoso glaciar Perito Moreno,  a Buenos Aires con Lan (ahora Latam Airlines). Dedic...

Buenos Aires querido, ciudad de tango

Volamos desde El Calafate, donde disfrutamos del famoso glaciar Perito Moreno, a Buenos Aires con Lan (ahora Latam Airlines). Dedicamos, entonces, tres días de nuestro viaje por Chile y Argentina a conocer los lugares más atractivos de la capital argentina.


Avenida Costanera Rafael Obligado, frente al aeroparque

En el Aeroparque Jorge Newbery nos topamos con actitudes diferentes ante la misma situación: en un puesto de información y turismo nos señalaron dónde cambiar euros por pesos argentinos, al mismo tiempo que nos avisaban de que sería difícil que tomáramos el autobús hasta el centro porque había que pagar con monedas (la máquina no admite billetes) o con tarjeta (que exige un trámite costoso para conseguirla), por lo que nos recomendaban tomar un taxi; en otro puesto de información con el que dimos por azar, sin embargo, nos cambiaron los billetes por monedas para que pudiéramos utilizar el autobús (7 pesos).

Nos montamos en el autobús número 45 para ir al centro desde el aeroparque. Después de todo, la máquina de monedas no funcionaba, se tragó cinco pesos y nos devolvió el resto. Sin otra opción, el conductor nos llevó a nuestro destino.

Avenida arriba, avenida abajo
La Casa Rosada, sede de la Presidencia argentina
Desde nuestro apartamento, ubicado en una calle paralela a la céntrica Avenida de Mayo, nos acercamos caminando hasta la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino. Por la noche, la iluminaban de rosa, claro, mientras que los edificios laterales brillaban azules y verdes, y la Plaza de Mayo estaba llena de sábanas con lemas reivindicativos.

En el lado opuesto de la Casa Rosada, al final de ese paseo de la alta sociedad de principios del siglo XX, se encuentran el Congreso Nacional; el histórico edificio en el que se hallaba la Confitería El Molino, que están tratando de reconvertir en museo, y… las ricas empanadas de La Americana.


Congreso Nacional


Confitería El Molino, Monumento Histórico Nacional


Humor, animación y tango

Mafalda, en el Paseo de la HistorietaAprovechamos nuestra estancia en domingo en Buenos Aires para ir a la siempre recomendable feria de San Telmo, la feria de cosas viejas y antigüedades que lleva celebrándose en el barrio de San Telmo desde 1970.

Pero antes, nos acercamos al llamado 'Paseo de la historieta', que la genial Mafalda se merece uno y mil reconocimientos por su humor inteligente. 

Seguimos después hasta la plaza Dorrego, centro neurálgico del barrio y de la feria. Animada con espectáculos en la calle, puedes encontrar desde cintas para el pelo hasta mates, cualquier detallito para regalar a los que no han podido viajar contigo.

El domingo, día de feria en San Telmo

El tango, en la feria


Las calles Humberto I y Defensa, junto a la Plaza Dorrego

Seguimos andando hasta el popular paseo conocido como Caminito, en el barrio de La Boca. Decidimos disfrutar de los espectáculos de tango mientras comíamos aquí mismo. Después de dar alguna vuelta, paramos en un restaurante que tenía mesas a ambos lados de la calle. Nos hicieron sentir como extranjeros a los que sacar el dinero. La cuenta subió por los 15 pesos del servicio (especificado en la carta, bien) y los 20 de propina, que incluyeron en la cuenta como tip; hasta ahí, lo esperado; sin embargo, el camarero quería sumar otro 10%, porque esos 20 “serían para la cocina”.

El lugar, eso sí, mereció la visita.


El barrio de La Boca y su calle museo Caminito

Para volver al centro desde Caminito, tomamos el autobús número 29 hasta la Plaza de Mayo, que sí contaba con que subirían turistas y vendían los billetes en la puerta misma del autobús.

Evita, un mito
Al día siguiente, salimos caminando hasta el cementerio de la Recoleta, pasando por los teatros Colón y Cervantes, y Tribunales, mientras comenzaba a llover. Llegamos hasta la Basílica Nuestra Señora del Pilar y el cementerio. Tan sólo algunas señales te guiaban hasta la tumba del presidente Sarmiento, curioso cuando menos, porque la mayoría buscamos la de Evita Perón (número 88 como indica el mapa de la entrada). Te recomiendo escuchar la historia
sobre la tumba de Evita que cuenta la periodista Nieves Concostrina, conocida, entre otras muchas cosas, por el espacio 'El Acabose’ en Radio Nacional.


La tumba de Eva Perón, en el cementerio de la Recoleta

El cementerio está un poco descuidado, pero se intuye que debió de ser impresionante; hay tumbas que parecen templos, una ostentación en grado sumo y un olvido de igual magnitud. Vimos muchas placas con las que trabajadores o compañeros homenajeaban tanto a empresarios, como a generales, militares o familias ilustres.


Mausoleo de la familia Dorrego-Ortiz Basualdo
A la salida, recorrimos calles que seguramente fueron de alto copete en algún momento de su existencia, hasta la Plaza San Martín y su Torre de los Ingleses, junto a la Estación Central. Paseamos después por la peatonal calle Florida, destrozada en bastantes tramos, con gente voceando “cambio dólares, euros, reales” y muchas tiendas.

Tras entrar un minuto a las Galerías Pacífico (el edificio es Monumento Histórico Nacional), de camino a casa, ya a las cinco de la tarde, disfrutamos de una parrillada, o más bien una parriclac (Clac era el nombre del local), con chorizo, morcilla, pollo, matambre, vacío y riñones, con ensalada y papas rústicas (con piel), por 130 pesos argentinos. Y un gran copazo de vino.

Un paseo más
El último día volvimos a la Plaza del Congreso y pateamos las avenidas Callao, Corrientes y Córdoba hasta el Edificio de Aguas Argentinas, muy original. Luego tomamos la línea A del metro, la más antigua y que desgraciadamente iban a cerrar esa misma semana, hasta la Plaza de Mayo. 



Edificio de Aguas Argentinas

Nuestra visita por la capital argentina terminó en Puerto Madero, donde se encuentra el Puente de la Mujer, del arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Y a hacer la maleta de nuevo.
El Puente de la Mujer, en Buenos Aires

El glaciar Perito Moreno fue la primera parada en  Argentina  en nuestro  viaje por el Cono Sur . Desde Puerto Natales (Chile) pusim...

El Perito Moreno, el glaciar más conocido del mundo

El glaciar Perito Moreno fue la primera parada en Argentina en nuestro viaje por el Cono Sur. Desde Puerto Natales (Chile) pusimos rumbo a El Calafate, ciudad situada en la región de la Patagonia, en la provincia de Santa Cruz, y puerta al glaciar más famoso del país y, me atrevería a decir, del mundo entero.

La lengua del glaciar, sin fin

El glaciar Perito Moreno se halla en el Parque Nacional Los Glaciares, que ocupa una superficie de más de 700.000 hectáreas en el sudoeste de la provincia argentina de Santa Cruz.

Como su nombre indica, son más de uno los glaciares que protege este Parque y que se originan en el conocido como Campo de Hielo Patagónico: nada menos que 47 glaciares.

Y, entonces, ¿qué ha hecho destacar entre todos al Perito Moreno? Sus famosas rupturas. Este glaciar, en la zona sur del Parque, está en continuo movimiento, lo que le hace avanzar y retroceder, y provoca al mismo tiempo desprendimientos que todo turista que se precie espera ansioso. 

Su belleza, además, le valió ser declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 1981.


Las huellas de pequeños desprendimientos del glaciar Perito Moreno, en el Lago Argentino

Cómo ir
En la terminal de autobuses de El Calafate (en la calle Julio Argentino Roca, s/n) encontrarás todas las compañías que te llevan hasta el Perito Moreno.

Nosotros elegimos la compañía Cal-tur, que te recomiendo porque permite, si tu visita es de un día, volver más tarde que los demás y, así, permanecer más tiempo en el glaciar. Cuando fuimos, era también la única compañía que hacía el trayecto por la tarde.

Acceso
El autobús paró a la entrada del Parque, donde nos cobraron 100 pesos argentinos, y, ya en la Península Magallanes, seguimos bordeando el Brazo Rico del Lago Argentino, mientras iba apareciendo el glaciar a lo lejos.

Qué hacer 

El autobús regular nos sorprendió con una parada, que desconocíamos que haría, para una navegación opcional por este lateral del glaciar (90 pesos). Y la aprovechamos.

Nos hicieron sentar formales y un “fotógrafo profesional”, como se definió a sí mismo, nos dio algunos consejos, como que hiciéramos las fotos con flash para que las caras no salieran muy oscuras... Nos dijeron que podríamos salir a cubierta cuando nos dieran las instrucciones de seguridad, pero nada más empezó a hablar la azafata por el micrófono, la gente echó a correr para asegurarse un buen sitio desde el que ver el Perito. Aunque éramos demasiados, todos nos portamos amablemente, en general, y nos turnábamos para sacar una foto en los mejores sitios.


El barco te permite contemplar el glaciar desde una corta distancia

Al regresar, el autobús nos esperaba para llevarnos hasta el Centro de Visitantes y unas pasarelas que te permiten contemplar los 5 kilómetros de ancho y los 60 metros de alto que llega a alcanzar el frente del glaciar, sobre el Canal de los Témpanos. 


El frente del glaciar Perito Moreno

Cuatro horas fuimos de un lado a otro, disfrutando del glaciar, jugando a ver quién conseguía la mejor foto de una rotura de hielo. No fue todo lo espectacular que nos hubiera gustado, pero es lo que sucedió.

De El Calafate a Buenos Aires
Al día siguiente de disfrutar del Perito Moreno, volamos a Buenos Aires. Una buena opción para ir al aeropuerto es el servicio de autobús de Vespatagonia por 40 pesos argentinos. Puedes reservarlo por correo electrónico.

Otra cosa, para que no te pille por sorpresa: el aeropuerto de El Calafate es privado y se debe pagar una tasa más (5 dólares por uso de la terminal) antes de volar.

* Los precios corresponden a finales de 2012 y principios de 2013, cuando hicimos el viaje, pero te pueden servir como referencia.

La última mañana en  Buenos Aires  durante  nuestro viaje por el Cono Sur , arrastramos las maletas hasta la parada del autobús 45, en...

Cataratas de Iguazú

La última mañana en Buenos Aires durante nuestro viaje por el Cono Sur, arrastramos las maletas hasta la parada del autobús 45, en la calle Bernardo de Irigoyen (paralela a la avenida 9 de Julio), para llegar al Aeroparque. Entonces comprobamos que habían retrasado nuestro vuelo a Puerto Iguazú un par de horas, pero nos recolocaron en el siguiente, que despegaba puntual. 

Sentados en diferentes filas, los dos junto a la ventanilla, vimos al mismo tiempo una nube de vapor de agua de las cataratas que apareció al acercarnos a Puerto Iguazú. ¡Qué emoción!

La empresa Four Tourist Travel anuncia, junto a las cintas transportadoras de las maletas y en la misma puerta de salida, el traslado a la ciudad por 40 pesos argentinos. Nos quedamos sin sitio y otra pareja nos propuso compartir un taxi hasta la terminal de autobuses (Avda. Córdoba, 179); así, fuimos por 30 pesos cada uno.

Cataratas de Iguazú, todo un espectáculo
Desde la Garganta del Diablo se observa un mirador de la parte brasileña de las cataratas

La compañía de autobuses Río Uruguay te lleva a la entrada de las cataratas de Iguazú por 60 pesos argentinos, ida y vuelta. Todas las agencias venden el mismo billete y aunque se hagan publicidad con la 'i' que crees de información y turismo, solo son agencias que venden lo mismo y al mismo precio, además de viajes organizados. Así que compramos el billete al suministrador original del servicio, Río Uruguay.

El billete no especificaba la hora de salida, así que madrugamos para intentar tomar el primero, que salía a las 8 de la mañana. Se nos escapó en las narices, pero estábamos los primeros para el siguiente. No tardamos mucho en comprar la entrada al parque (130 pesos), pedimos un mapa y caminamos hasta la estación de tren que lleva a la Garganta del Diablo. Los organizadores nos indicaron que camináramos hasta la segunda parada, pero había ya tanta gente esperando, que decidimos cambiar la estrategia y comenzar la visita por el circuito inferior, donde empezaron a aparecer monos y coatíes.

Una maravilla. Y cada nueva parada, más espectacular. El Salto Chico, las Dos Hermanas, Basetti… y, aquí, la primera ducha, más o menos improvisada. Decidimos subir a una lancha (150 pesos) para acercarnos a la base de una de las cataratas; nos dieron un chaleco salvavidas y una bolsa grande impermeable para las mochilas y todo lo que quisiéramos resguardar del agua. La primera aproximación a las cascadas se aprovecha para hacer fotos; luego, te llevan hasta las “gotas”. Acabamos empapados.
Gracias a una lancha, puedes acercarte casi hasta la base misma de las cataratas
Si te interesa, graban un vídeo de la experiencia. Aunque si llevas tu propia cámara, no te hacen ni caso. No hay tiempo que perder con quien creen que no comprará el vídeo.
Después del chapuzón, nos sentamos al sol para secarnos y disfrutar de las vistas de las cascadas, frente a la isla San Martín, que estaba cerrada por la crecida del agua. Aprovechamos para comer las empanadas que llevábamos en un lugar desde el que todos querían hacer fotografías (seguro que te suena la roca de la imagen que sigue a estas líneas, si has visto fotos de estas cascadas).
La isla San Martín, inaccesible por la crecida del agua (dcha.) y la piedra más deseada por los fotógrafos
Volvimos a la estación de tren para ir hasta la Garganta del Diablo. Una vez allí, cruzamos pasarelas y más pasarelas sobre el río Iguazú, del color del dulce de leche, debido a la cantidad de tierra que había arrastrado por las lluvias.
La Garganta del Diablo

Salía el agua disparada. En una palabraimpresionante. Tanto la Garganta, como el Salto de la Unión o los saltos que descubrimos a nuestra izquierda, una vez que pudimos despegarnos de la primera.

Volvimos después sobre nuestros pasos para recorrer el circuito superior y lo que veíamos nos seguía sorprendiendo. La perspectiva diferente de las mismas cascadas nos dejó con la boca abierta.

Tuvimos tiempo de sobra porque, además de la isla San Martín, también el sendero Macuco (un recorrido de 3,5 km que lleva hasta el borde del cañón del río Iguazú) estaba cerrado por mantenimiento. Habrá que volver.

Unas horas en Paraguay
Catedral de San Blas, en Ciudad del Este

Al día siguiente, decidimos descansar, desayunar tranquilamente y ver qué posibilidades teníamos para el resto del tiempo en Puerto Iguazú. Fuimos a la estación de autobuses: Río Uruguay viajaba también a Ciudad del Este, en Paraguay, por 15 pesos ida y vuelta y, en teoría, en 40 minutos. Pues allá que vamos.

De 40 minutos, nada. Había que parar en la aduana argentina, no en la paraguaya, por un acuerdo entre los dos países que considera que solo se sale del país para pasar el día y se vuelve. Muchos argentinos cruzan la frontera, por lo visto, para hacer determinadas compras, sobre todo de informática, porque resulta bastante más barato. Parecía un autobús urbano, sin asientos reservados, así que después del paso por la aduana nos habíamos quedado sin sitio. Pillamos luego un atasco para entrar en la ciudad y tardamos entre dos y tres horas. Queríamos ver algo interesante, pero el autobús te deja en la avenida principal, donde todos bajan a comprar. Nosotros dimos un paseo por la ciudad, visitamos la catedral de San Blas, y de nuevo, al autobús.

A la llegada a Puerto Iguazú, comimos en el restaurante Piacere una parrillada deliciosa, con carne tierna y mucho sabor (130 pesos, bebida y demás, aparte). La mejor de las que probamos en nuestra ruta por Argentina.

Las cataratas, desde Brasil
Un mirador en el lado brasileño te "mete" en las cataratas

La compañía de autobuses Crucero del Norte lleva a las cataratas del lado brasileño, por 60 pesos ida y vuelta. Saldríamos a las 8.10 h de la mañana (la vuelta, abierta, era posible hasta las 17 horas), después de que el comercial de la agencia pusiera cara de que no podríamos ver todo si salíamos a las 10 de la mañana. Nos acordamos de la agencia que ofrecía una excursión de tres horas a las cataratas, más Ciudad del Este y una presa famosa, Itaipú, y donde nos dijeron que con tres horas era más que suficiente...

El conductor del autobús a Brasil era un argentino con porte de piloto de aviones. Nos contó que Argentina y Brasil han firmado un tratado y que por eso no se para en la aduana del otro país, solo te controlan en la propia para ir a las cataratas. Y nos habló de las diferencias que él veía entre la permisividad argentina con las infracciones de tráfico y el estricto control brasileño de los límites de velocidad o el uso del cinturón de seguridad.

Cruzamos el puente de Tandres sobre el río Paraná, una mitad con bandera argentina, la otra, con bandera brasileña. Y llegamos cuando aún no habían abierto el parque, pero la gente ya se agolpaba en una larga fila. Salía más barato pagar en dólares que en pesos argentinos, que era un disparate.

A la entrada, un bus espera. Tras varias paradas, el trayecto termina en un hotel desde el que comienza el circuito, por lo que se concentra demasiada gente en ese punto. Mereció la pena, de verdad, porque ves las cataratas enfrente, en conjunto, y emociona. Gracias al mirador, además, te cuelas en medio del agua, casi hasta el pie de la Garganta del Diablo. Y cuando el vapor de agua se diluye un poco, avistas el mirador argentino en el que has estado hace apenas dos días.


La capital de la provincia argentina del Chaco es conocida como  la ciudad de las  esculturas,   que decoran calles y plazas y la han co...

Resistencia, parada de camino a Salta

La capital de la provincia argentina del Chaco es conocida como la ciudad de las esculturas, que decoran calles y plazas y la han convertido en un auténtico museo al aire libre. Resistencia, que ya supera la cifra de seiscientas estatuas, acoge la Bienal Internacional de Escultura

Llegamos a esta ciudad desde Puerto Iguazú, camino de Salta. En el bus no había mantas. Aun así, creí que no pasaría frío con el jersey y el fular, que estábamos en pleno verano… Me equivoqué. Pusieron aire acondicionado y me agarré un resfriado. Fue el peor viaje de los que hicimos en nuestra vuelta por Chile y Argentina con diferencia.

Mientras unos queríamos dormir, otros subían al autobús con ganas de divertirse y de seguir la marcha en alguno de los lugares por los que pasábamos; aquello parecía el voyyvengo de los pueblos navarros en fiestas.

Después de desayunar en la estación de autobuses y dejar las maletas en una presunta consigna (una pequeña habitación, en realidad; 20 pesos argentinos por maleta), salimos a pasear por el centro de Resistencia. Tomamos el autobús 10 hasta la Plaza 25 de Mayo, donde se sitúa la catedral de San Fernando Rey, y caminamos por las calles peatonales cercanas. 


Arriba, la catedral de Resistencia; abajo, a la izquierda, una estatua de bronce de Eva Perón

Y de nuevo al autobús. Debía salir a las 21.50 h de Resistencia a Salta, pero se retrasó casi dos horas. Mientras, veíamos cómo los encargados de la consigna dejaban la puerta cerrada, pero la llave dentro y la ventana abierta para luego poder abrir desde fuera... También ayudaban a bajar las maletas de los autobuses que llegaban a la estación, por lo que cobraban dos pesos; una autóctona me dijo que no debían hacerlo, pero que era eso o…

Otros que no debían hacer algo eran los mosquitos, que te rodeaban en algunos lugares de la estación y había que salir huyendo o embadurnarse de repelente.

Los pasajes, esta vez en lo que llaman "ejecutivo" (única opción disponible), superaron las expectativas. Nos proporcionaron mantas e incluso ¡pusieron la calefacción! Nos dieron de cenar pan con jamón y queso, de entrante, y carne y puré de patata, como plato principal. Cuando acabamos, nos ofrecieron vino y, más tarde, whisky o tía maría. ¿Excesivo?

La única pega, la música que pusieron a las 7.30 h para despertarnos. Como en un avión, antes de llegar al destino, había que servir el desayuno.